Crecí sintiendo todo con demasiada intensidad. Cuando pienso en mi yo pequeña, pienso en una niña angustiada por esconder toda esa vulnerabilidad, por mostrarse siempre fuerte y capaz de resolverlo todo sola. No sé si eso ha cambiado mucho, la verdad.

Con el paso del tiempo y las experiencias de la vida, pude reconocer mi sensibilidad como una gran fortaleza. Finalmente comprendí que ese era mi destino: contemplarlo todo con nostalgia, detalle e inocencia, como si aún mirara el mundo con los ojos de la niña que una vez fui.

Este mundo nace de ese proceso de autoconocimiento; de encontrar valor en aquello que alguna vez sentí como un obstáculo y de aceptar que la ternura también es una forma válida de vivir.

Como una ballena que nada sola, que a veces se siente perdida y llora en el mar; como un ser incomprendido que lucha, siente y sueña, así me siento yo.